miércoles, 21 de octubre de 2020

Esquivando espadas mediáticas y neoliberales

 

Por Lola Sultani, Mica Fernández, Chano Itzcovich y Luis Klejzer

¿Cómo te llamás?

¿Qué hacés ahí?

¿Lo decidiste vos o te obligaron?

¿Dónde está tu profe?

¿Cómo llegaste hasta la escuela?

 

Hace unas semanas el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió, unilateralmente, abrir las escuelas para que entren muchos periodistas, muchos funcionarios y pocos alumnxs. La idea es sacar este tipo de fotos. Lo que se dice: marketing político.

En cuanto recibimos la noticia por los medios de comunicación, nos juntamos docentes y estudiantes y nos dimos cuenta que se nos están riendo en la cara. Esta disparatada decisión del gobierno de Rodríguez Larreta, que contó ahora con la aprobación del ministro Trotta, expone a estudiantes, docentes y sus familias al virus en el peor momento.

Ellos proponen una revinculación, pero, a la vez, dicen que no sería una vinculación pedagógica, sino, más bien, de recreación.

La ministra Acuña quiere que vayamos a las escuelas a sentarnos en una ronda, a pleno sol y con un profe en el medio. ¿Qué vinculación es esa? ¿Vincularnos a qué?

 

Basta de decir que no hay clases. Lxs estudiantes y lxs docentes somos quienes construimos la escuela diariamente. Somos quienes más extrañamos a nuestrxs compañerxs. Desde marzo venimos cursando como podemos. Algunxs con computadora, otrxs con celular y muchxs, sin conectividad, retirando trabajos prácticos impresos. Lxs profes preparamos los trabajos. Lxs estudiantes los hacemos y los mandamos. Y, finalmente, los profes los corrigen.

 

Entonces: ¿Qué es lo que no funciona?

La falta de recursos de muchxs estudiantes.

¿Y cómo se resuelve?

Entregando computadoras e internet gratis.

 

Tenemos la sensación de que nos están usando. Nos sentimos en el medio de una pelea por abrir o no las escuelas en plena pandemia, sin preguntarnos y sin comprender la angustia por la que estamos pasando. Una presión fomentada por intereses económicos o políticos que no contemplan nuestras necesidades.

Además, tenemos ejemplos en el país y en el mundo de que no sirvió de nada y que, por el contrario, favoreció a la expansión del virus. Muchas provincias y algunos países tuvieron que volver atrás con la decisión.

 

La foto de este alumno, menor de edad, atravesado por espadas periodísticas neoliberales, es una muestra de la poca importancia que tiene para el Gobierno de la Ciudad, la salud de la población.

Nos dicen que las escuelas son bares. Nos culpan de haber “caído” en escuelas públicas. Pero no saben que todo esto pasará y quedará bien claro en nuestra retina la imagen de este alumno atragantado por el odio inoculado desde esos micrófonos que solo buscan rating y votos.

 

La escuela es otra cosa. La escuela, para nosotrxs, docentes y estudiantes, es el espacio donde le damos batalla a la ignorancia de estos gobernantes. Queremos ir a la escuela a enseñar, aprender y pensar. Para no ser como ellos. Para ser mejores. Para construir un país distinto al que nos dejan ellos. Para que no haya chicxs vulnerados en sus derechos como el pibe de la foto. Eso, seguro, no lo queremos.

martes, 22 de septiembre de 2020

Las expectativas de Santiago y Mica


Por Luis Klejzer

En marzo, las expectativas de Santiago eran “comenzar la secundaria con todo nuevo” mientras que Mica estaba entusiasmada en “cerrar una etapa que fue súper linda”.

 

Santiago, de primer año, empezó en pandemia. Recién salía de la primaria y se imaginaba “yendo a la escuela con [sus] compañeros” y cursar en presencialidad. Un concepto que aprendió como consecuencia del aislamiento social que le impidió conocer eso que definió como “todo nuevo, escuela, compañeros, profesores”.

 

Mica, de quinto, también hubiese preferido la presencialidad “como lo años anteriores”. Para ella, a diferencia de Santiago, la presencialidad en la escuela es una linda experiencia que llevaba cuatro años. De repente le dijeron que el último año, el año que egresaba, se haría en forma virtual. No sabía muy bien qué significaba. Creíamos que eran 40 días y aquí estamos, escribiendo y chateando por internet.

 

Lxs profes les acabamos de mandar un video que hicimos por el día del estudiante. Otro de tantos con los que intentamos mandarles ánimo para que sigan adelante, un aliento para que no bajen los brazos y un abrazo solidario para que no se sientan solxs en la virtualidad. Es un abrazo para ellxs y un mimo para nosotrxs que también lo necesitamos.

 

Santiago dice que ya se acostumbró a trabajar así “pero prefería la clase dictada por los profesores para poder preguntar lo que uno no entiende”. Es cierto que el hombre y la mujer nos acostumbramos a todo, pero es importante que un alumno exprese que hubiese preferido que el profesor le dicte una clase, porque nos ubica en el lugar correcto. Sin saberlo (o si) nos ayuda en nuestra batalla contra los neoliberales de la educación que   pretenden reemplazar a lxs docentes con plataformas prefabricadas por ONG´s financiadas por los EEUU o la Unión Europea. Al mismo tiempo nos dice “que ahora puede hacerlo pero que es más complicado por la tecnología”. Muchxs creen que lxs adolescentes son “nativos digitales” y manejan la tecnología “mejor que los adultos” y por eso “se les hace más fácil estudiar así”. Pero olvidan que la educación es mucho más que el depósito de información en una tabla rasa. La educación es una relación social. Muchas veces mediada, pero donde intervienen dos o más personas, dialécticamente, donde todxs aprenden. Santiago, aún sin haber empezado el secundario en la presencialidad, aprendió más que lxs sabelotodos de la educación, que piensan que todo se resuelve poniendo pupitres en canchas de básquet.

Mica, en el mismo sentido y con la experiencia de haber estudiado cuatro años en la presencialidad, también dice que “es complicado estudiar en la virtualidad”. Ella pone el énfasis en la concentración y la rutina. Mica también entendió todo, la escuela es concentración y rutina. Así, a simple lectura, esas palabras son frías y negativas. Pero cuando salen de la boca de una adolescente que fue mutilada de su último año de cursada tienen una fuerza sublime. Además, le cierra la boca nuevamente a todos los neoliberales de la educación que siempre encuentran el problema en los adolescentes. Para ellos los chicos no leen, no saben escribir y engrosarán las estadísticas de lo NI NI. Sin embargo, Mica les cierra la boca con conceptos que ella prefiere rescatar en su educación pero que los funcionarios trajeados no cumplen en sus labores.

 

No es cierto que haya desconexión. Lxs profes estamos cumpliendo una tarea muy importante. Hablamos por teléfono con nuestrxs alumnxs, al menos, una vez cada 15 días y les mandamos trabajos prácticos cada 15 o 21 días. En mi caso, además, les grabo miniclases de 20 minutos. No es cierto que la desconexión sea responsabilidad de docentes y estudiantes. La desconexión es resultado de un sistema económico que profundiza la desigualdad porque mercantiliza hasta el aire que respiramos. La pandemia no hizo otra cosa que sacarlo a la superficie.

 

A pesar de todo, Santiago no pierde las expectativas que tenía a principio de año. Pero entiende mejor que los funcionarios adultos que “hasta que no exista una vacuna o alguna cura no volveremos a la escuela”. Santiago es de los que entregó el 99% de los trabajos prácticos. Hablé con él todas las semanas y, si no era con él, con la mamá que se involucró mucho. Y esto también hay que decirlo. Se dice que lxs padres están cansados y necesitan de la escuela para poder hacer “sus cosas”. Rara expresión en el siglo XXI donde las políticas educativas siguen siendo pensadas en función de las relaciones laborales de los adultos y no de lxs sujetxs para quien “trabajamos” en la escuela. Santiago entiende que “aunque volvamos a la escuela no va a ser lo mismo que antes”. Tiene razón, aunque, tal vez, por no haber cursado nunca el secundario en la presencialidad, no sabe que “la escuela no va a ser lo mismo que antes” significa que no había agua, jabón, calefacción, bancos, pizarrones y muchas de las condiciones que llamaríamos decentes para estudiar. Ojalá que cuando volvamos las escuelas estén en condiciones dignas para que lxs chicxs estudien y lxs profes enseñemos. Pero escuchando a los funcionarios públicos, me parece que la vuelta va a ser menos agradable de lo que pensamos.

 

Mica ya tiene la expectativa puesta en “arrancar la facultad”. “Poder ir y que no se me dificulte adaptarme a ese ritmo de la facultad”. Imaginemos cómo funciona la cabeza de Mica: su último año de secundaria se le frustró y espera que no se le frustre el inicio de la facultad. Ella cree que eso puede volver a pasarle. Espera que no. Pero ¿quién le puede asegurar que no?

Quiero detenerme, nuevamente, en el eje del pensamiento de Mica en relación con el sentido común del mediopelo argentino. Mica ya está pensando en la facultad, a la que “no llegan los pobres” según la exgobernadora María Eugenia Vidal. Pensar en la facultad es pensar, por lo menos, en los próximos 10 años. Es pensar en su futuro, ese que los funcionarios hacen tanto por ensombrecer. Mica planifica a pesar de la pandemia y a pesar de la incertidumbre a la que la condenan los ideólogos de derecha. Esos que endeudaron al país y que le dejaron tierra arrasada a Mica. Sin embargo, Mica y muchxs de sus compañerxs de escuela piensan que el país se construye con más y mejor participación política y democrática. Mica participó del centro de estudiantes durante la mayor parte de su cursada. Militó la ESI, los DDHH, los derechos de “les estudiantes”, como dicen ellxs. Sin dudas va a dejar su huella en la escuela. La vamos a extrañar. Porque ya hizo por la educación mucho más que algunos funcionarios de altos ingresos.

 

Quise expresarme a través de dos de mis alumnxs. Pero pudieron ser todxs. Hoy es su día. Sus palabras son más importantes que las mías. Me gustan lxs estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno, como escribió Violeta Parra. Me interesaba contarles que la educación no anda bien por culpa de los funcionarios ciegos y millonarios y no de lxs pibxs. Acá abajo en la escuela pública, donde “caímos”, se vive, se estudia, se trabaja, se come y se lucha por una vida digna. Enseñamos como podemos y aprenden como pueden. Lxs profxs que estamos en la trinchera de la escuela pública creemos en la educación como herramienta de transformación de la sociedad. Como decía Paulo Freire “no cambiamos el mundo, cambiamos a las personas que van a cambiar el mundo”. Si se suman a construir un mundo mejor, entonces nos encontraremos en la calle.

En la presencialidad o en la virtualidad nosotrxs tenemos el compromiso de enseñarles a nuestrxs alumnxs que la vida debe ser vivida, gozada y luchada para que nadie se quede afuera. A Santiago lo invitamos a sumarse a esa vida solidaria que significa estudiar en una escuela pública, esa escuela democrática y participativa que le deja Mica. Porque, como aconsejaba Rodolfo Walsh, no debemos permitir que las clases dominantes procuren que los trabajadores no tengamos historia, ni doctrina ni héroes ni mártires. Santiago y Mica son nuestrxs héroes en esta batalla contra la ignorancia de los funcionarios. Lxs profes somos esa cadena de transmisión entre las luchas anteriores y las de ahora para que no tengan que empezar nuevamente y podamos acumular esa experiencia colectiva histórica que nos permitirá, más temprano que tarde, vivir en un país lleno de primaveras.

 

 

lunes, 29 de junio de 2020

De la desesperanza a la acción creadora


Venga la esperanza, pase por aquí
Venga de cuarenta, venga de dos mil
Venga la esperanza, de cualquier color
Verde, roja o negra, pero con amor.
Silvio Rodríguez
Más que educar, me gusta hablar de proceso dialéctico de enseñar y aprender. Un proceso donde intervienen al menos dos actorxs: docente y estudiante. Aunque nosotrxs creemos que no existen roles fijos, más bien creemos que todxs enseñamos y aprendemos algo.

El tercer elemento es el espacio físico donde se concrete: se puede dar en cualquier lugar mientras haya voluntad de hacerlo. Ya nos enseñaron los anarquistas de principio del siglo XX que armaron bukers educativos debajo de las panaderías. Pero creo indispensable un encuentro físico donde se reúnan lxs actores de ese proceso.

El cuarto elemento constitutivo es el contenido. Sin el encuentro, el contenido queda unidireccional y eso tampoco es lo deseable.

Con todo, en esta situación excepcional de cuarentena, la educación ha quedado presa de las improvisaciones, producto de las presiones políticas, mediáticas y sociales de una derecha que no admite reflexiones. La primera improvisación fue: seguimos educando. Poco tiempo después llegaron las primeras conclusiones. No fueron buenas. Pues bien, algunxs seguirán educando, pero otrxs ni enseñan ni aprenden.

En ese sentido, nos permitimos unas primeras reflexiones, algunas recomendaciones y cambios de estrategias. En primer lugar, las y los docentes no enseñan. Sí es cierto que piensan, redactan trabajos prácticos, mandan mails, los reciben y los corrigen. Después pasa al segundo trabajo práctico y así semana tras semana, curso por curso. Pero ¿es eso enseñar? En segundo lugar, las y los estudiantes no aprenden. Sí es cierto que reciben el trabajo práctico, lo piensan, lo completan, lo mandan, reciben las correcciones y los archivan. Después, esperan el próximo trabajo. Así semana tras semana, materia tras materia. Pero ¿es eso aprender? En tercer lugar, el espacio físico del encuentro está cerrado. Pero tampoco podemos encontrarnos en otro lugar físico porque hay “aislamiento social”. Entonces,las y los docentes no miran a los ojos de sus estudiantes y estos no preguntan. Las y los docentes no responden y las y los estudiantes no reafirman. No hay encuentro. Hay aislamiento. Entonces: Lo virtual ¿es un encuentro?

Hemos superado la idea de que hacer trabajos prácticos significan aprender. Y, creo también, que hemos superado la idea de que hablar durante horas signifique enseñar. Pero ¿hemos superado la idea de que sin encontrarnos se puede dar ese proceso de enseñanza-aprendizaje?

Imaginemos la siguiente situación:
Un profesor de historia repasa el programa. Piensa una tarea. Busca la página del manual y obtiene una captura de pantalla. Arma el pdf, adjunta la imagen y manda la tarea por e-mail. Esa información sube a la nube. Está quieta ahí hasta que el estudiante la agarra. La descarga. La piensa, la completa y la manda por mail. Otra vez a la nube hasta que la agarra el profe, la descarga, la corrige y manda la corrección a la nube. El estudiante la baja y la lee. Y es feliz con su nota.¿Esto es enseñar? ¿Esto es aprender? ¿Seguimos educando?

El no-encuentro es, para mí, la peor de las consecuencias de la pandemia. El aislamiento social. El no-encuentro atenta contra el proceso de enseñanza y aprendizaje.

A mis estudiantes siempre les leo una parte del libro “Cartas a quien pretende enseñar” de Paulo Freire:

“De hablarle al educando a hablarle a él y con él; de oír al educando a ser oído por él” (…) Del momento en que le hablamos al educando al momento en que hablamos con él; o:de la necesidad de hablarle al educando a la necesidad de hablar con él; o aún: es importante que vivamos la experiencia equilibrada y armoniosa entre hablarle al educando y hablar con él” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende aprender. Ed. Siglo XXI. Pag. 107).
Estamos en una etapa excepcional, nadie tiene la culpa. Y también sabemos/creemos que esto va a pasar. Pero no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo si no reflexionamos sobre nuestra práctica, no sólo para mejorar, sino, también para dejar por escrito las enseñanzas que dejan estas experiencias. Entonces, me atrevo a decir que lo más angustiante para un docente es el no-encuentro, porque no podemos hacer eso que dice Freire: hablar con nuestrxs estudiantes. Mandar un mensaje no es hablar. Recibir un mensaje no es una respuesta. No hay ida y vuelta. No hay intercambio. No hay diálogo. No podemos pasar del hablarle a lxs estudiantes, a hablar con lxs estudiantes. Menos podemos pasar del oírlos, a ser oídos por ellxs. Este juego de palabras es el proceso dialéctico que se pone en juego cuando unx docente entra al aula. Ese encuentro no está. Por lo tanto, el proceso de enseñanza y aprendizaje no se produce. Fue reemplazado, hoy, por una comunicación con dilait a través de las redes (que a su vez está mediada por la iniciativa privada) que a su vez, profundiza la desigualdad.

Esta falta de encuentro tiene consecuencias desastrosas en la tarea y el ánimo de lxs docentes. La falta de comunicación, el ida y vuelta; el no poder verles la cara a nuestrxs estudiantes cuando les hablamos, el no poder escuchar sus preguntas nos hace desconfiar de la eficacia de nuestra tarea.

Esa desconfianza por lo que hacemos produce desazón, la desazón genera desesperanza y la desesperanza, como dice Freire, “nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate recreador del mundo” (Freire, Paulo. Pedagogía de la esperanza. Ed. Siglo XXI. Pag. 24). Una suerte de círculo vicioso donde nos caemos todxs.

Llamo a lxs docentes a no bajar los brazos. La educación es acción creadora, consciente y permanente. Me gustaría que no caigamos en la desesperanza en la educación. Debemos cambiar el mundo y lo vamos a hacer con la arcilla fundamental que es la juventud. Pibxs ávidos por conocer y transformar el mundo. Debemos mostrarles que la barbarie en la que vivimos no fue siempre así y, por lo tanto, puede ser cambiada. Para eso necesitamos del encuentro entre docentes y de docentes y estudiantes. Del encuentro de toda la comunidad educativa.

Debemos organizar esos encuentros. Sin romper la cuarentena. La idea es impedir que el aislamiento físico se transforme en abandono. Llamemos a nuestrxs alumnxs. Hablemos con nuestrxs colegas. No es tiempo de caerse, es tiempo de resistir.Como lo hacemos todos los días dando clase en las condiciones tan adversas que otrxs llaman normalidad.

Ya vendrá el reconocimiento material o moral. O pelearemos por ello. No les demos la posibilidad de avanzar a aquellos que quieren destruir la educación pública hace años. Seamos optimistas y transformemos nuestra voluntad en propuesta concreta y creadora.

domingo, 26 de abril de 2020

El 26 de abril de 1985. El día que Raúl Alfonsín llamó a una economía de guerra.



Construir una democracia estable requiere de un proceso de dos momentos interrelacionados. Por un lado, conocer los acontecimientos donde los actores políticos y sociales construyen esa democracia; es decir, conocer el pasado. Por otro lado, el debate permanente de esos acontecimientos que permiten reflexionar para hallar nuevas estrategias de consolidación del proceso democrático. Es decir, la interpelación de ese pasado con anclaje en el presente.

viernes, 27 de marzo de 2020

¿La Solidaridad en tiempos de crisis o siempre?


                           

Cuando el domingo 8 de marzo pasado leí la nota de María Clara Albisu, (https://www.elcohetealaluna.com/el-que-come-y-no-convida/ ) inmediatamente dije: “tengo que agregar algunas cosas respecto del eje Solidaridad que pone en foco”.
Existen varios conceptos que permiten ver un hilo conductor, al menos en la construcción del discurso, entre Alberto Fernández y Raúl Alfonsín. Como escribe Ricardo Aronskind en El Cohete a la Luna del 22/09/2019 (https://www.elcohetealaluna.com/alberto-fernandez-alfonsin-y-kirchner/ ) el actual presidente suele citar al ex mandatario en sus declaraciones, porque, con algunas diferencias obvias, los contextos también se parecen.
“Nunca más”, “Herencia recibida”, “deuda externa” y “el campo” son algunos de los conceptos que permiten vincular a ambas presidencias. Pero sin dudas, el concepto que elige Albisu, Solidaridad, es uno de los más interesantes.
Ambas presidencias deben poner fin a un sentido común generalizado para poder iniciar un nuevo ciclo. En ese sentido, ambos mandatarios eligen para armar su discurso el concepto de Solidaridad, Alfonsín lo usó para romper con el “No te metás” de la dictadura y Alberto para terminar con la meritocracia del macrismo.