domingo, 26 de abril de 2020

El 26 de abril de 1985. El día que Raúl Alfonsín llamó a una economía de guerra.



Construir una democracia estable requiere de un proceso de dos momentos interrelacionados. Por un lado, conocer los acontecimientos donde los actores políticos y sociales construyen esa democracia; es decir, conocer el pasado. Por otro lado, el debate permanente de esos acontecimientos que permiten reflexionar para hallar nuevas estrategias de consolidación del proceso democrático. Es decir, la interpelación de ese pasado con anclaje en el presente.

Se cumplen 35 años de un hecho importante para la historia argentina reciente. El viernes 26 de abril de 1985 el presidente Raúl Alfonsín convocó a la ciudadanía para proponerles un compromiso con la democracia.
En ese momento se hablaba de la “Transición Democrática” comparándola a la vivida en España luego de la muerte de Franco. Se buscaba la consolidación de las instituciones democráticas.
Pero 1985 fue un año de lo más complejo en cuanto a la gobernabilidad. Ese año el gobierno tuvo que afrontar dos cuestiones importantes. En lo económico, la situación empeoraba al calor de una inflación de alrededor de 25% mensual, mucho de la cual fue heredada de la última dictadura militar y una tendencia decreciente de la actividad productiva y la caída del salario real. El otro tema eran los derechos humanos, la CONADEP y el inicio del juicio a las juntas militares.
En ese contexto, la CGT comenzó un plan de lucha “con el objetivo de oponerse a la política socio-económica vigente, que se concretó con la realización de numerosos actos públicos en el interior del país y culminó el 23 de mayo, con una huelga general y una masiva concentración frente a la casa de gobierno…” (1)
En cuanto a los derechos humanos, la política del gobierno se vio agravada con una serie de amenazas y atentados contra escuelas unos días antes del comienzo del juicio el 22 de abril. Éste terminó el 9 de diciembre de 1985 estableciendo la existencia de un plan criminal y condenando a las juntas militares a penas de entre los 8 años de prisión y la cadena perpetua.
Unos días antes, el servicio de inteligencia estatal le detalló al ejecutivo que un grupo cívico militar estaba organizando movimientos desestabilizadores que pretendían volver a la etapa anterior. Fue una semana muy agitada debido a las idas y venidas del Poder Ejecutivo y a las muchas conjeturas acerca de blanquear o no el movimiento sedicioso.
Frente a estos hechos de conmoción, el presidente Alfonsín decidió enviar un mensaje a los responsables intelectuales y materiales de estos hechos y habló por cadena nacional el día 21 de abril. En ese mensaje se convocó a una movilización a Plaza de Mayo “en defensa de la Democracia” para el viernes siguiente.
Cuentan las crónicas y los asistentes que el entusiasmo era muy grande. Por primera vez se convocaba a la población a “defender las instituciones democráticas” frente a una supuesta amenaza de desestabilización. Los partidos políticos, el radicalismo, peronistas e intransigentes; sectores de izquierda, el movimiento obrero y las organizaciones sociales, principalmente de derechos humanos, participaron del mitin en la Plaza de Mayo.
Convocar a los partidos políticos y demás organizaciones sociales y sindicales, para repudiar cualquier movimiento en ese sentido, era una jugada audaz donde el radicalismo conseguiría un apoyo del conjunto de la sociedad en su estrategia de gobierno.
Allí se produce un primer punto de inflexión que incidiría en el futuro del gobierno. La primera parte del discurso de Alfonsín desde los balcones de la Casa Rosada tuvo como materia central denunciar los ataques y amenazas de los últimos días y un llamado a la sociedad a comprometerse con la Democracia. Pero el segundo tramo de su discurso estuvo dedicado a la economía y cargado de malas noticias y peores augurios para lo que restaba del año. “Tenemos que dar respuesta a requerimiento populares y al mismo tiempo que ordenar la economía tenemos que crecer. Esto se llama, compatriotas, economía de guerra, y es bueno que vayamos sacando las conclusiones”  
Esta aparición de Alfonsín en público resultó ser muy decepcionante para la gran mayoría de los presentes en la Plaza de Mayo. De a poco, dicen las crónicas, se fueron retirando de la plaza distintas columnas pertenecientes a las organizaciones sociales y políticas que no pertenecían a la influencia de la UCR. Entre ellas la oposición, los partidos de izquierda y el movimiento de derechos humanos. Lo que resultó un duro golpe a las expectativas del gobierno.
Vista la Transición como proceso de avance y retroceso, las declaraciones de Alfonsín, resultaron ser un claro retroceso en ese sentido. Si uno de los desafíos del gobierno radical, iniciado en 1983, era reconstruir la confianza de la ciudadanía con las instituciones, el discurso de la economía de guerra fue un duro golpe que significó un claro desencanto.
La unidad político social conseguida durante esa semana por parte del gobierno comenzó a resquebrajarse. La población, que había sido convocada a defender la democracia institucional, recibió un duro golpe que, con el paso del tiempo, se confirmó desastrosa. Unos meses después, ya con Juan Vital Sourrouille reemplazando al ministro de economía, Bernardo Grispun, el gobierno nacional implementó el famoso Plan Austral. Con esta medida comenzó a cambiar el espíritu del gobierno nacional. Si al principio se evidenciaba un intento de recuperación económica, basada en una política de carácter nacional, la llegada de Sourrouille al ministerio de economía, generó el primer giro en sentido neoliberal del gobierno. Las consecuencias son más que conocidas: cambio de moneda, plan primavera, hiperinflación y renuncia del presidente en medio de saqueos generalizados.
En definitiva, lo que debía ser una muestra de apoyo a la política de derechos humanos del gobierno y un avance en la transición, terminó siendo el inicio de un camino sin retorno hacia el abismo y la puesta en duda de la consolidación democrática. La unidad alcanzada comenzó a disiparse; los organismos de derechos humanos comenzaron a dejar el apoyo incondicional; la oposición sindical aprovechó la debilidad del gobierno para reestructurarse y el peronismo, en su conjunto, comenzó a renovarse. El recorrido del gobierno tuvo un fugaz crecimiento en septiembre de ese mismo año ganando las elecciones de medio término, sin embargo, en términos políticos, desde allí su caída fue incesante. Perdió apoyo institucional, recayó en recurrentes crisis económicas, soportando paros generales permanentes y sufriendo desestabilizaciones militares por demás conocidas.
En fin, el 26 de abril de 1985 fue, para la historia argentina reciente, una fecha emblemática. Allí se demostró que la capacidad del gobierno para construir una fuerza social transversal que le permitiera enfrentar positivamente el desafío de consolidar las instituciones democráticas corrió un grave riesgo y dejó abierta la puerta para las sucesivas crisis sufridas durante ese periodo.
Las preguntas necesarias son: si se convoca a una movilización amplia y transversal para denunciar movimientos sediciosos y defender el proceso democrático: ¿Por qué se habló de las líneas económicas del gobierno?
Si la movilización se hace en medio del comienzo del juicio a las juntas: ¿Qué intenciones motivó mezclar ambos temas?
Si se buscaba la unidad del campo democrático y se convoca a una movilización plural; y sabiendo que se está desarrollando un plan de lucha del sindicalismo opositor: ¿Para qué se planteó allí una economía de guerra que significaría un ajuste impresionante? ¿Qué modelo de democracia se planteó? ¿Se buscó legitimar un plan económico haciendo uso del tema de los derechos humanos?
Y finalmente ¿Cómo juega la desilusión popular en la construcción de una sociedad democrática?
En definitiva, considero que, para construir una sociedad verdaderamente democrática, es necesario conocer nuestra historia y repensar estos acontecimientos. En este caso, el 26A de Alfonsín nos debe permitir debatir el contenido de nuestra democracia y su vinculación con la economía como parte inseparable de ella.

[1] Cordone, Héctor y Forni, Pablo. Las huelgas generales durante la última década. En: Boletín CEIL. Año XIV. Nro. XX. 1991 Pág. 6
Discurso de RA

1 comentario :

  1. "para construir una sociedad verdaderamente democrática, es necesario conocer nuestra historia y repensar estos acontecimientos" Leo estas palabras luego de ver a Carlos Pagni citar este acontecimiento en su editorial del 11 de Julio en LN+. Hoy mas que nunca, como dice el autor, se vuelve sumamente necesario y tal como pide CFK, "debatir el contenido de nuestra democracia y su vinculación con la economía como parte inseparable de ella"

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