viernes, 1 de febrero de 2019

Lecciones de verano


Por Luis Klejzer
Finalmente, docentes y estudiantes, conseguimos que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires derogue la resolución 4055/2018 por la cual intentaba cerrar 14 colegios comerciales nocturnos. Desde el principio nos pareció una medida elitista y unilateral que golpeaba a la educación pública en general y a lxs pibxs de los sectores populares en particular.
Desde el primer día nos miramos y nos angustiamos, pero también nos organizamos para revertir esta medida. Hubo paros, movilizaciones, asambleas en las escuelas, volanteadas, escraches y mesas en las esquinas de la ciudad. Fue un mes y medio difícil, caluroso, pero victorioso en el resultado y en las enseñanzas. A saber:

Entendimos que las acciones de gobierno no deben ser nunca inconsultas. La resolución 4055/2018 fue una medida unilateral que no tenía razón pedagógica y contenía un claro sesgo antipopular. Por eso no dudamos en salir, inmediatamente, a denunciar esta maniobra.
También supimos que la medida afectaba al sector social más vulnerable de la sociedad, lxs pibes de las familias trabajadoras. Esto es así porque a las escuelas nocturnas van aquellxs que por alguna razón socioeconómica no pudieron continuar con sus estudios. Siempre entendimos que defender las escuelas nocturnas era defender a esxs pibxs que son lxs que más las necesitan.
En todo momento, sostuvimos que la ministra de educación de la ciudad, Soledad Acuña, mentía y fue incapaz de explicar el cierre de colegios. Por eso salimos a denunciar que su perspectiva ideológica y clasista, e inexperta en materia educativa, impedía que miles de jóvenes pudieran buscar su futuro a través de la educación.
Solemos escuchar en grandes porciones de la población, y el gremio docente no es la excepción, frases como “La lucha no sirve” o “Nunca se logra nada”. Sin embargo, no nos resignamos y organizamos un plan de lucha para salir a la calle aun sabiendo que era diciembre. Incluso, rompimos el cerco mediático inicial con la organización de asambleas en las escuelas que votaron la realización de dos paros, con movilización al ministerio y una sesión en la legislatura que fue boicoteada por el bloque oficialista.
Sumado a esto, gracias a que insistimos para dar testimonio en algunos medios de comunicación, lugar donde el gobierno tiene sus principales aliados, logramos explicarle al conjunto de la población las consecuencias de la resolución firmada. Ahí empezamos a romper el plan del gobierno. Leyendo esta nueva situación, el gobierno neoliberal de Rodríguez Larreta aceptó el llamado de la defensoría del pueblo, aunque persistió con el cierre. Desde que tomó conocimiento público, y esto hay que decirlo con todas las letras, la población supo ponerse, una vez más, del lado de la Educación Pública.
También en la última semana del año, el gobierno quiso llevar adelante actos públicos truchos para desplazar a lxs docentes y que perdamos nuestro trabajo; pero el conjunto de la docencia, junto a los sindicatos y en una verdadera unidad de acción, lo impedimos al grito de “Las escuelas no se cierran” y boicoteando los actos que significaban el cierre de las nocturnas.
Ya en el nuevo año, en este caluroso enero porteño y sin “alumnos de rehenes”, continuamos con las asambleas por escuela. Como nunca antes, postergamos nuestras vacaciones por un objetivo tan noble como la defensa de la escuela pública y por esxs pibxs que no tienen vacaciones. En esas reuniones escuchamos verdaderas experiencias de vida: personas grandes que terminaron el secundario junto a sus nietos; pibas y pibes que dejaron la escuela diurna porque fueron padres; chicos que estacionaban el carrito cartonero en la puerta de la escuela para estudiar y después seguír trabajando. Cientos de estos relatos nos dieron más fuerza para seguir luchando. Porque la educación pública es eso.
Pusimos mesas en las esquinas y hablamos con la gente. Llevamos estas historias verdaderas y las compartimos con lxs vecinxs que acompañaron con su firma el pedido de los abogados para que no se cierre ninguna escuela. En esas mesas y en los cientos de pibes que se pre-inscribieron, ganamos el conflicto. Allí abajo, donde la educación pública supo y sabe construir una conciencia de lo que está bien y lo que está mal. Y cerrar escuelas está mal.
A todas luces, este conflicto nos dejó bien claro que, cuando un gobierno atropella los derechos de la población, tenemos que organizarnos para impedirlo. También aprendimos que, cuando se defienden causas nobles, no hay blindaje mediático que pueda frenarlo.
Y, sobre todo, aprendimos que, con unidad y organización, logramos revertir una medida antipopular de un gobierno que dice ser del diálogo, pero que no respeta los canales democráticos que supimos conseguir. Y tengan claro que seguiremos alertas porque todavía faltan vacantes, porque el lactario del Ramos Mejía no debe cerrarse, porque el cerámica y el Romero Brest no deben trasladarse, porque el CENARD no se vende y porque, como nos enseñaron esas incansables maestras del pañuelo blanco: "la única lucha que se pierde es la que se abandona".

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