jueves, 2 de mayo de 2019

30 de abril de 2019. El salto cualitativo


El 30 de abril fue uno de esos días que no se repiten en mucho tiempo. Empecé el día por el futuro, quiero decir, cuidando a mi hija menor.
A las 12 me fui a Plaza de Mayo a pelear por ella. La convocatoria de lxs docentes fue en Av. De Mayo y 9 de Julio. Caminando por las calles vacías de mi barrio, saqué las primeras fotos de un día que, prometía, poco ruido de bocinas y mucho de bombo.
Llegando a la Av. Corrientes vi en el semáforo el colectivo 26 parado y le toqué la puerta. Me abrió. “Hasta 9 de julio” dije con la voz fuerte para que se sepa adónde iba. Después me di cuenta que todxs íbamos hasta allá porque bajamos todxs juntos.

En el Obelisco ya estaba la primera concentración, eran los compañeros piqueteros del FOL. Saludé a un par de ellxs y seguí hacia Av. De Mayo. Fui caminando tranquilo por el Metrobus. Obviamente estaba vacío de colectivos, aunque no de manifestantes. Algunxs iban y otros venían. Había, realmente, mucha gente.
Unos minutos después me encontré con lxs compañerxs. Estaban en la esquina acordada. Mucha gente, muchas banderas y mucho entusiasmo.
Les dije que iba a recorrer la marcha. Encaré para el sur. En la primera intersección encontré a La Cámpora que entraba por Yrigoyen cantando “abran paso, llegó la JOTAPE”, como una paradoja que se repetiría más tarde. Atrás venían Nuevo Encuentro y Descamisados. Continué hasta Belgrano. Ahí ya eran muchas más las columnas. En la esquina estaba el PRML. Estaban “dejando pasar” a las columnas del PJ que venían “bajando” por Belgrano. Doblé hacia Diagonal Sur y me topé con la CTEP, más adelante ya estaban lxs docentes de UTE. En esa columna si encontré varixs compañerxs.
Llegando al monumento al genocida, empezó a sonar el himno nacional. Acá siempre es interesante ver quien canta, quien no; quienes levantan los dedos en V, quienes el puño izquierdo; en fin, siempre son más los que cantan y tienen los dedos en V. Terminando el himno llegué a la Plaza. El escenario estaba en la “entrada” de Av de Mayo, ya no se hacen los actos en la mitad de la plaza, ni mucho menos más allá de esa reja ilegal que pusieron un día que vino el FMI y nunca más se sacó.
Atravesé las columnas de docentes, SIPREBA, lxs despedidxs de clarín y del PSTU que repartían un volante por la libertad de Daniel Ruiz y demás presxs políticxs.
Llegué a la altura del Cabildo, allí estaban los compañerxs del FPDS, flamantes integrantes del Frente Patria Grande. Saludé y me quedé a escuchar los discursos. Subí el escalón del Cabido, me agarré de la gigante bandera celeste y blanca de Camioneros.
Allí escuché a Palazzo quien propuso que “tendría que volver un gobierno nacional y popular, de esos que le hicieron tan bien a la gente” y remató para sorpresa de algún desprevenido “Yrigoyen, Perón y Evita, Néstor y Cristina y Alfonsín”. Qué linda que es la historia argentina. En un mismo párrafo, Pallazzo juntó las reivindicaciones obreras del 2019 con el gobierno de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. Un día de paro de la clase obrera, puso a Yrigoyen del lado del palco. Pero también puso a Alfonsín de ese lado. Abajo, en la plaza, y llenando las calles aledañas, estaban lxs seguidorxs de Ubaldini. En fin, Palazzo fue fiel a su origen radical y trajo a un acto, con mucha simbología peronista, a sus principales dirigentes históricos.
El siguiente discurso le perteneció a los “movimientos sociales”. Habló un compañero que no conozco y dijo que “en la calle o en octubre” debemos echar a Macri. Simple y al grano.
Después habló Pablo Micheli, de una de las 2 CTA. Micheli hizo el mismo discurso de siempre, muy combativo. Pero lo cerró con una expresión que, debo admitir, me sorprendió: “queremos que vuelva el peronismo”.
Después habló Yaski que continuó la línea de Micheli, mostrando una vez más, la ridiculez de estar separadas las dos CTA. En fin, hasta ahí nada nuevo.
Luego se leyó el documento consensuado en la voz de un canillita, todo un símbolo en el acto de un día de paro y en la previa del primero de mayo. Omar Plaini hizo hincapié en las penurias que está viviendo la clase trabajadora, los tarifazos, el cierre de fábricas, el aumento de la desocupación y la pobreza. Bien. Nada fuera de libreto.
El cierre del acto estuvo a cargo de Pablo Moyano. Aquí me detengo con dos cuestiones. La primera, me sorprendió que cierre Pablo y no Hugo. Pero me pareció bien. La segunda, Pablo tuvo un gesto de lealtad que hace mucho no veía. Nombró y respaldó al dirigente de la UTA que se enfrentó al burócrata Fernández, quien había anunciado un paro para el 1 de mayo. Esa presentación en sociedad fue un gesto de respaldo hacia un dirigente que el martes tiene que volver al gremio a verse cara a cara con un tipo más parecido a Vandor que a Ubaldini.
Para cerrar y despedir a las decenas de miles de personas que colmaron las adyacencias de la histórica plaza, dónde más atrás ya se preparaban las Madres para conmemorar el 42 aniversario de las primeras rondas, pusieron música de Los Redondos. Ji ji ji fue el marco para la desconcentración, mientras algunxs se retiraban, lxs más jóvenes improvisaron un pogo. Arriba del escenario posaban los futuros candidatos del PJ/unidad ciudadana/ o lo que sea.
La marcha, el acto, las caras de lxs asistentes y los cánticos de las columnas me dieron la impresión de una jornada de un sector del arco político que ya se prueba el traje “para volver”. Así fueron desconcentrándose las columnas, cantando “vamos a volver, vamos a volver”.
Me desconcentré por diagonal norte. Me encontré con varixs compañerxs. La idea era ir a comer algo para hacer tiempo hasta el próximo acto, el de la Corriente Sindical Rompiendo Cadenas. Faltaba una hora. Me encontré con un gran compañero, economista, de esos que te forman durante toda la vida. Me invitó a tomar un café. Encontramos dos bares pegados. Entramos al más viejo. El más “moderno” estaba vacío. El que elegimos estaba lleno de militantes y entraban muchos a pedir agua para el mate e ir al baño.
Nos sentamos frente a un ventanal para estar atentos al próximo acto. La conversación giró en torno a los discursos, el panorama electoral y la situación económica mundial. Siempre es interesante charlar con él.
Cumplida la hora, nos levantamos y fuimos al acto que ya había empezado. Oímos poco los discursos, era un sonido precario, pero hacían referencia a la situación de la clase obrera, a la pelea contra la burocracia sindical y rechazando la posibilidad de las elecciones como solución a los problemas de la clase trabajadora. Se rechazó el intento de golpe en Venezuela, tema por demás ausente en el acto central, y se llamó a continuar la batalla contra el imperialismo en el continente.
Terminó el acto y nos desconcentramos. Algunxs quedamos “bollando” unas horas porque todavía faltaba el último acto, el del FIT.
En el ínterin recorrí varias cuadras del centro, había pequeños actos por todos lados. Pero terminé en Plaza de Mayo con la Madres. Había un festival de la Asociación. Cuando terminó de tocar un grupo musical, Hebe dio un discurso. Hace rato que no la escuchaba. Los últimos 12 años me alejé de ese espacio por razones obvias. Sus palabras me eran conocidas. Su tono ya no. Pero su mensaje me interpelaba como hace 20/25 años atrás. Su fuerza, a pesar de todo, es envidiable. Sus ganas de dejar una enseñanza también. Nos invitó a apagar los teléfonos, a relacionarnos cara a cara y a practicar la solidaridad. En eso sigue intacta. Nos invitó a leer los discursos de Evita, Néstor y Cristina. Ahí noté el abandono del Che, pero es Hebe. Para finalizar nos tiró una de las frases más sensibles de la jornada “no puede ser que haya más colchones que veredas”. Dijo y terminó el discurso recordando a los 30 mil, sus hijos, nuestrxs compañerxs.
A 100 metros de ahí ya empezaba a sonar la música del último acto de la jornada. El de la izquierda partidaria. Siempre voy a escuchar “por donde va el mensaje de la única izquierda con peso nacional”. Había compañerxs de los tres partidos. De los mismos tres partidos que formaron el FIT, casi por obligación, cuando se instalaron las PASO. Ningún partido de izquierda pudo entrar desde ese momento y, quizás por eso, no puede crecer en el país una propuesta de izquierda con vocación de poder. El sueño de un verdadero frente de izquierda, que impulse una gran interna y que impida que varios sectores de izquierda elijan el peronismo como opción de gobierno.
La impresión que me dio el acto fue la de siempre, buenos discursos, combativos, anti burocráticos, anti patronales y anti gubernamentales. Es decir, un acto clasista. Las consignas que mostraba la pantalla gigante estaban muy bien, aunque en masculino: “Por un gobierno de trabajadores”. “Romper con el FMI, Macri y los gobernadores”. Y la que realmente me sorprendió y no esperaba: “Fuera el imperialismo de América Latina”. Ese tema se metió con el primer discurso y se repudió el golpe. Iba todo bien y se aplaudía mucho. Hasta que se dejó en claro que se hacía sin dar “ningún gramo de apoyo a la represión de Maduro” y desde una “posición de clase”. En fin, ningún discurso te deja 100x100 de satisfecho, pero eso es la política. Luego hablaron otros dirigentes de los partidos de izquierda. Escuché a uno de cada uno y me fui.
Mientras caminaba a la parada de algún colectivo que me llevara a casa pensaba que una jornada como esa no se vivía todos los días. Hubo de todo para todos los gustos. Pero hay algo que siempre falta. Me quedé esperando que pase algo inmediatamente. Es tema de otras publicaciones. Lo cierto es que la jornada del 30 de abril fue un salto cualitativo. Hacía mucho tiempo que no había un paro con movilización masiva a Plaza de Mayo. Tal vez, el contexto electoral desvirtúa y confunde los objetivos de corto y largo plazo.
En fin, lxs trabajadorxs estuvimos en la calle y eso es bueno. Hubo detenidxs en las adyacencias de la Plaza y heridxs en la puerta de la Embajada de Venezuela. El llamado de atención al gobierno para que el gobierno pare con el ajuste, estuvo. Ahora resta sacar las conclusiones de la jornada en cada lugar de trabajo, estudio y militancia. Veremos cómo se desenvuelven los acontecimientos de cara al futuro, que no es para nada alentador.

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